Hace años que las patentes están en el punto de mira, sobre todo desde el espectacular desarrollo de los ordenadores personales de lo últimos 30 años y su enorme arraigo en la sociedad, con la inevitable apertura tecnológica a todos nosotros. Y decimos sobre todo porque las patentes «modernas» existen desde el siglo XV según algunos historiadores, si bien las primeras leyes de patentes datan del XVIII.

Según la Wikipedia, una patente es un conjunto de derechos exclusivos concedidos por un Estado a un inventor o a su cesionario, por un período limitado de tiempo a cambio de la divulgación de una invención. Pero ¿por qué existen tantos detractores y, sobretodo, como va a evolucionar en los próximos años?

Como decimos, el debate está en plena vigencia, principalmente auspiciado por las incesantes demandas entre las grandes compañías tecnológicas del mundo, encabezadas por Apple, que lleva meses denunciando a sus competidores por el uso no permitido de patentes de su propiedad. Y como no podía ser de otra forma, Google no se ha quedado de brazos cruzados y ha comprado Motorola, una operación «encubierta», según comentan algunos expertos, para hacerse con un determinado número de patentes clave en telefonía móvil con las que pelear contra Apple, como los diseños de las antenas, los servicios de localización, etc.

Y esto, os preguntaréis muchos, ¿en qué nos afecta a nosotros? Puede parecer que estas «peleas» legales sólo son cosa de grandes compañías que intentan prevalecer sobre la competencia y, en definitiva, obtener una mayor cuota de mercado, a base, eso sí, de limitar el uso de la tecnología al resto. Pero no es así, y ahí es donde entran las grandes críticas al modelo de patentes: todo esto termina revirtiendo en nosotros, porque frena la evolución tecnológica y, sobretodo, limita la capacidad de elección del consumidor, que no tiene más remedio que aceptar lo que unas pocas compañías ofrecen, con pocas posibilidades de mejora por parte de otras emergentes. Es decir, todo esto nos acerca a los tan peligrosos oligopolios, donde los grandes perdedores siempre son los consumidores. Pero también produce desincentivación en la investigación, dificultad de acceso a las nuevas tecnologías de los países menos desarrollados, y un largo etc.

Hablando de la desincentivación, cito a Richard Stallman: “Las patentes software son peligrosas para los desarrolladores software porque imponen monopolios en ideas sobre el software. No es posible o seguro desarrollar software no trivial si estás amenazado por un montón de patentes“. Esto es lo que decía recientemente en un artículo en The Guardian, en el que hablada de las «patentes unitarias» que se han aprobado en Europa, en un intento por acercarse al modelo americano y «hacer más competente nuestra industria». Porque, como planteábamos al principio, es ahí hacia donde tendemos: el modelo americano se extiende.

Para terminar: ¿dónde sitúa todo esto a Android? Pues en principio, como desde la propia Google se dice incesantemente, Android seguirá siendo una plataforma abierta, pero si hacemos caso de las advertencias de Stallman, y sin intención de ser alarmistas, pronto la comunidad de desarrolladores tendremos poco o nada que aportar, puesto que existe la posibilidad de que la libertad que actualmente tenemos para innovar poco a poco vaya desapareciendo, y con ella, nuestra preciada comunidad.

Vosotros, desarrolladores y usuarios de Android, ¿qué opináis?

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