Cuando el Internet de las Cosas nos traiciona

Cuando el Internet de las Cosas nos traiciona

El Internet de las cosas, los wearables, los relojes inteligentes, los smartphones... ahora todo nos sigue, y eso puede costarnos un disgusto.

El Internet de las cosas, los wearables, los relojes inteligentes, los smartphones… ahora todo lleva un seguimiento de nosotros, más o menos intrusivo. Desde los pasos que damos durante un día, hasta los sitios que hemos visitado durante un mes: las nuevas tecnologías son capaces de hacer un seguimiento muy exhaustivo de nuestra rutina.

El problema llega cuando este seguimiento tan exhaustivo es capaz de traernos un disgusto grande, cuando no somos del todo sinceros y todos estos dispositivos gritan que estamos mintiendo. El Internet de las Cosas y los wearables puede ser muy traicionero, y para muestra sólo tenemos que pulsar un botón.

Las pulseras pueden traicionarnos…

Hablamos de este tema por una noticia de mediados del año pasado que ha resurgido hace poco. En marzo de 2015, Jeannine Risley se quedó en la casa de su jefe, y a la mañana siguiente la policía tuvo que acudir a la residencia, donde encontraron mobiliario destrozado, un cuchillo y una botella de vodka. Risley declaró que, mientras dormía alrededor de la media noche, fue asaltada por «un hombre de treintaytantos que llevaba botas».

Risley llevaba una Fitbit que afirmó perder en el asalto, pero la policía la encontró en la escena del crimen. Aquí es donde las cosas comienzan a ponerse raras, porque la propia Risley dio sus claves de acceso a la policía, quienes descargaron la información almacenada en la pulsera. Al revisar estos datos, Fitbit mostraba que Risley estaba despierta y caminando cuando afirmaba estar durmiendo, como comenta Fusion, algo que ha aprovechado la defensa para desestimar la acusación.

…pero también pueden ser nuestro mejor amigo

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El caso de Jeannine Risley no es el único que ha protagonizado Fitbit en los juzgados, y en Forbes hablan de un caso en el que una Fitbit ha podido usarse de forma positiva. En un caso único, una mujer sufrió un accidente grave hace seis años, y una firma de abogados ha utilizado los datos de Fitbit hace dos años para demostrar que ese accidente afectó a la calidad de vida de su cliente.

Es más, no hace falta ni que llevemos pulseras, el propio historial de ubicación de Google podría suponer una prueba, si consigues demostrar que tenías el teléfono contigo cuando sucedió el crimen. Se ha tratado de utilizar en 2013 para localizar el paradero de una víctima, y la triangulación de un móvil ya se ha utilizado como prueba para «demostrar» que alguien se encontraba en un lugar.

¿Y qué hay de cuando todo va mal?

Ya hemos hablado mucho del Internet de las cosas, incluyendo las veces que ha terminado siendo ridículo: desde poner Bluetooth a una prueba de embarazo, hasta una nevera con un Google Calendar que no funciona porque le faltan actualizaciones.

El Internet de las cosas puede ser una herramienta muy poderosa, pero también puede suponer un dolor de cabeza que antes no teníamos. ¿Te gusta llevar una powerbank para poder cargar tu reloj cada día? Ahora, en 2016, se ha convertido en una realidad para algunos…

Ponerle Internet a absolutamente todo puede tener sus ventajas, no lo vamos a negar, pero está creando una serie de problemas que jamás hubiéramos imaginado hace 10 años.

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