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Uso las aplicaciones como yo quiero, no como quieren los desarrolladores

Uso las aplicaciones como yo quiero, no como quieren los desarrolladores

¿Qué ocurre cuando las novedades de una aplicación alteran por completo su uso? Estados de WhatsApp, bots de Messenger, Historias de Twitter...

¿Qué ocurre cuando las novedades de una aplicación alteran por completo su uso? Estados de WhatsApp, bots de Messenger, Historias de Twitter… Funciones introducidas a la fuerza.

Para que una aplicación triunfe no solo ha de lanzarse en la Google Play Store y promocionarse, también debe mantenerse actualizada añadiendo novedades y corrigiendo los errores. Lo vemos a diario: apps de toda la vida que añaden un cambio menor o uno grande para hacer la aplicación mucho más completa. O eso es lo que pretenden los desarrolladores porque hay veces que pasa justo lo contrario.

Tenemos multitud de ejemplos recientes. Los Estados de WhatsApp, por ejemplo. O las Historias de Facebook y de Twitter, el bot M de Messenger… Entiendo que los desarrolladores deseen mantener la frescura de sus creaciones, pero a menudo terminan por complicarle la vida al usuario. O lo que es peor: le obligan a utilizar la aplicación de una manera que no quiere.

Cuando una actualización altera la experiencia con una app

Uso las aplicaciones como quiero, no como pretenden los desarrolladores

Introducir una mejora en una aplicación del calibre de WhatsApp implica meses de desarrollo, de pruebas, involucra a un equipo de ingenieros que debe medirlo todo a la centésima, se preparan los servidores y debe mantenerse la credibilidad conseguida a lo largo de los años. Llega el momento de hacerlo público y todo son nervios: ¿gustará o, por el contrario, las mejoras pasarán al olvido?

Actualizar las aplicaciones implica mucho esfuerzo, de ahí que los desarrolladores se aseguren de que utilizamos los cambios

Es lógico que los desarrolladores deseen hacer visibles los cambios para que se utilicen. Esto implica avisos y nuevos tutoriales que pasarán a mostrarse conforme se abra la app. Pero quizá esto no atraiga suficiente la atención de los usuarios, por lo que suben al siguiente nivel: modificar la interfaz para colocar el cambio en un primer plano.

Ahí es donde hemos visto los Estados, una de las novedades que más desaires ha levantado: una pestaña en el medio de WhatsApp para que no solo se vea, también se muestre por obligación si se hace scroll lateral. Como lo que hizo Twitter con su aplicación: poner las Historias entre el Timeline y la pestaña de actividad para romper por completo el desplazamiento. Y así no.

Los usuarios no tenemos derecho a decir cómo será la aplicación, pero sí merecemos la consulta

Uso las aplicaciones como quiero, no como pretenden los desarrolladores

No soy de los que se quejan cuando hay alteraciones en las apps: al fin y al cabo no es algo que yo deba controlar ya que es el fruto del trabajo de otra persona. Igual que no dejaría que me dictasen cómo he de trabajar, tampoco lo haré de cara a los demás. Pero eso sí: lo que no voy a hacer es alterar de golpe lo que acostumbro a hacer sin consultarlo primero. No en vano todos vivimos de brindar nuestro tiempo a los demás.

Está claro que el derecho a la pataleta existe. Y, si algo no nos gusta, solo hay que dejar de usarlo. Pero tampoco es de recibo que se altere la imagen y funcionamiento de un servicio solo para introducir una novedad que ni siquiera se ha probado entre los usuarios. Especialmente cuando la novedad cambia por completo el sentido de la aplicación.

Si la app ha triunfado ofreciendo unos servicios, quizá lo mejor sea mantener lo que ha hecho a dicha app adquirir dicho triunfo. Sé que la competencia en las aplicaciones es feroz y que la app que se queda quieta acaba muriendo, pero también caen las que se arriesgan en exceso y terminan por truncar la experiencia de usuario. Ya di unos cuantos ejemplos la semana pasada.

No me opongo a los cambios y tampoco a que alteren la apariencia de una app, pero tampoco quiero que me obliguen a utilizar el servicio de una manera que yo no deseo. Un tutorial, un aviso de vez en cuando para indicar que algo es nuevo… No hace falta modificar el camino por el que transcurre el uso de una aplicación. Ni tampoco recargarla hasta límites infinitos, algo que está haciendo Facebook con su app y su Messenger, por ejemplo.

En un mundo tecnológico con tanta competencia parece que nos dirijamos a la masificación de opciones. Y no es necesario tanto, solo facilitar aquello a lo que estamos acostumbrados consiguiendo que mejore la experiencia en el servicio que todos conocen. ¿No te parece?

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