Android es un monopolio: claves, evolución y futuro

Android es un monopolio: claves, evolución y futuro

El sistema de Google es protagonista en un nuevo tipo de guerra comercial y se demuestra que Android es un monopolio aunque haya alternativas.
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Se dice que cuando una empresa domina un determinado sector con mano de hierro es prácticamente imposible que una nueva le arrebate el puesto con un producto similar. Eso no quiere decir que los monopolios, reales o de facto, sean interminables. La cuestión es que suele ser una empresa que cambia el paradigma la que toma el relevo.

Si hace veinte años hubiéramos mirado el futuro de Microsoft habríamos visto que no había muchos motivos para pensar que la empresa dirigida por Bill Gates fuera a ceder su puesto como emperatriz de la informática personal. Pero así fue.

Empecemos por el inicio: IBM

Mirar a Microsoft como una empresa dominadora es lo normal para los que nos criamos en los 80 y los 90 pero antes de eso, cuando era apenas una startup, era otra la compañía que dentro de la informática dominaba el mercado: IBM.

La empresa estadounidense tenía entre sus manos el mercado con mayor proyección de la tecnología de consumo, pero no lo sabía. En aquel momento Bill Gates y sus socios vieron que lo que IBM orientaba a empresas también podía ser enfocado a consumidores particulares.

Que IBM no viera esa vía de negocio permitió que, primero MS-Dos y luego Windows, se convirtieran de facto en el monopolio de la informática personal.

Windows domina aunque haya alternativas

Microsoft tiene más de 100 apps Android, 44 menos que Google

En esa época Apple ya tenía su sistema operativo propio. De hecho se creó y gestó antes de que Microsoft llegara a tener el tamaño que alcanzó a finales del siglo pasado.

Otras opciones, sobre todo las basadas en Linux, también estaban al alcance de los usuarios pero la mayor complejidad del mismo le imposibilitaban llegar a ser un sistema masivo.

Es por eso que aunque no llegó a ser un monopolio estrictamente hablando, el dominio de Windows fue apabullante. Eso le costó numerosos juicios en Europa, sobre todo por el uso que hacía del sistema para potenciar aplicaciones propias sobre la de sus competidores. El caso más mediático fue el de Internet Explorer.

La informática se hace móvil

A primeros del s. XXI empezamos a ver cómo se daban una serie de circunstancias que permitirían el paso del escritorio al bolsillo en todo lo referido a la informática. Se dejaría de llamar así y «nuevas tecnologías» sería la expresión dominante.

No obstante las primeras aproximaciones no fueron del todo acertadas. Palm, Blackberry y Nokia tenían sistemas móviles robustos que sin embargo no eran lo suficientemente intuitivos para que los usuarios los adoptaran de forma masiva.

A esto no ayudaba que las velocidades de conexión en smartphones y PDAs fueran lentas y los costes altos. Eso acabaría cambiando, pero en un momento en el que dos colosos darían el paso que los gigantes de la tecnología móvil temían.

Apple y Google entran en escena

Con apenas meses de diferencia, Apple presentó el iPhone y Google un nuevo sistema operativo, pensado para teléfonos móviles.

Ambas empresas ya veían que el futuro no era pelear con Microsoft en su terreno, sino crear un nuevo paradigma en el que ellos fueran la referencia. Y lo lograron.

Aquí hay que establecer una diferencia sustancial. Mientras que Apple era una empresa consolidada en la creación de hardware, con un historial de muchos éxitos (y algún fracaso) Google era una novata, salvo en software, motivo por el cual en principio no se cerraron a crear ellos los dispositivos, sino que pusieron su sistema al alcance de cualquier marca.

Apple se posiciona como referencia

LG, Sony o Siemens estaban acostumbradas a luchar entre sí en un sector, el de la telefonía móvil, donde parámetros como diseño, batería y precio eran las principales herramientas.

De pronto Apple cambia totalmente el paradigma y hace que la posibilidad de instalar apps, y hacerlo de forma sencilla, sea algo clave. El problema es que eso implica convencer a miles de desarrolladores de que creen programas para tu sistema y no todas las marcas tienen la capacidad hipnótica de la firma de la manzana.

Ahí Google vio un nicho en el que entrar.

Android como alternativa a Apple

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Aunque Android es un sistema operativo y no un teléfono en sí mismo, los fabricantes lo vieron como la alternativa a Apple en tanto que ellos diseñarían el hardware en el que correría luego el sistema de Google.

De esta manera no había que derivar recursos a la creación de un sistema operativo propio, algo que no obstante intentaron Palm con Palm OS y Microsoft con Windows Phone, además de otras empresas menores.

Ninguna tuvo éxito. Quizás al inicio la firma de Redmond sí logró cierta cuota de mercado pero cuando vio que le costaría ingentes cantidades de dinero posicionarse, si lo conseguía, cambió de estrategia.

Android se queda como única opción viable

En ese momento el sistema de Google se convierte en la única alternativa que tienen los fabricantes históricos de hacer frente a un nuevo paradigma, el que constituyó el iPhone.

Así, marcas como LG, Sony, Phillips, Panasonic, Ericcson o Samsung se aliaron con Google para poder hacer frente a Apple. El pacto parecía claro: los fabricantes ganarían dinero vendiendo móviles y Google sacaría beneficio, directo o indirecto, del uso de las apps que vendrían preinstaladas en esos móviles.

Más tarde Google empezaría una nueva línea de productos llamados Nexus, móviles diseñados por ella misma que no obstante estarían fabricados por los mismos fabricantes con los que se enfrentaba. Al estar pensados para desarrolladores no supusieron un problema real.

Ni siquiera sus sucesores, los Pixel, han desbancado a sus rivales dentro del ecosistema Android. Huawei, Samsung o LG siguen siendo las referencias normales para el usuarios medio. Incluso marcas como OPPO o Xiaomi tiene muchas mas posibilidades de convertirse en alternativas a las empresas establecidas en occidente que Google con sus Pixel.

¿Y si no se puede usar Android?

La dependencia del sistema de Google ha llegado a cotas bastante altas. Es cierto que el sistema como tal se basa en código abierto y que cualquier empresa puede usar AOSP como base para incluso realizar su propia versión de Android.

Algunas firmas chinas muy consolidadas como Xiaomi lo hacen, con mucho éxito sobre todo en China, donde los servicios de Google están prohibidos y cada marca se crea su propio ecosistema privado dentro de Android.

El problema se da fuera de China. En el resto de mercados el dominio de Google es apabullante y el no poder instalar las aplicaciones de la empresa americana es un problema para las marcas.

Google no siempre decide

Esto no debe ser un inconveniente mientras un fabricante no se enfrente a Google, podríamos pensar. No muerdes la mano que te da de comer. De hecho la propia Google no tiene actualmente incentivos para vetar a marcas a la hora de instalar sus aplicaciones.

Incluso en los últimos meses hemos visto cómo se han aumentado las colaboraciones con empresas que usaban Android de maneras alternativas. Un ejemplo es Huawei pero el más importante es Xiaomi, con la que Google ha relanzado el proyecto Android One.

Pero, ¿y si se le obligara a Google a no permitir el uso de Android a ciertas marcas? En un sistema de libre mercado es raro pensar que se pueda obligar a una empresa a hacer algo así.

A no ser que lo ordene el gobierno.

El poder de las leyes y los gobiernos

Trump

En los últimos días estamos asistiendo a un nuevo capítulo en la historia de Android.

China y Estados Unidos se encuentran actualmente en un conflicto diplomático y económico que está afectando a diversas empresas de ambos lados del Pacífico. Este no es el motivo de la acción que os comentamos pero sí que ayuda a entender el marco en el que se toman ciertas decisiones.

Estados Unidos ha prohibido a sus empresas realizar acciones comerciales con ZTE, una de las firmas chinas más importantes en el sector de las telecomunicaciones. Esta decisión forma parte del castigo a la compañía por incumplir una serie de normas en la relación con Irán.

El gobierno de Donald Trump declaró que ninguna empresa que incumpliera ciertas normas en la relación con el régimen iraní podría cooperar con empresas estadounidenses. ZTE se saltó esa prohibición y pagó una multa por ello, pero no llevó a cabo otras acciones indicadas por el gobierno americano, como las medidas disciplinarias contra algunos de sus directivos.

Esto ha hecho que Estados Unidos haya prohibido a sus empresas vender componentes a  ZTE durante siete años.

La diferencia entre el hardware y el software

Esta decisión deja a ZTE en una posición complicada. El fabricante asiático usa componentes de empresas americanas, como los procesadores de Qualcomm, los Snapdragon.

Que no pueda usarlos en un futuro, aunque es un varapalo, es algo que puede intentar solucionar acudiendo a fabricantes chinos, como Mediatek o Xiaomi, o coreanos, como Samsung.

Pero si Google se ve obligada a revocar la licencia de uso de Android, algo que aún no se ha confirmado ¿qué hará ZTE?

Android AOSP sin apps de Google

Los usuarios más avanzados se habrán dado cuenta de que ZTE en realidad sí que podría seguir usando Android como sistema de código abierto que es. El problema es que no podría instalar las aplicaciones de Google, al menos no de serie, lo que si bien como hemos dicho en China es irrelevante, fuera de ese país es algo clave.

En Estados Unidos, ZTE es una de las marcas que más móviles vende y en Europa y otros mercados a nivel mundial también tiene posiciones altas en los rankings de ventas.

En todos esos países la empresa china no puede permitirse ofrecer sus dispositivos sin las apps de Google. La competencia entre los diferentes fabricantes es ya demasiado dura como para darles un argumento tan jugoso para atacar.

ZTE no puede competir sin las apps de Google

Imaginad a un usuario medio en una tienda, dudando entre un móvil de Huawei, uno de Nokia, un Samsung y un ZTE. E imaginad que ante la duda se le dice que uno de los cuatro no tiene instaladas las apps de Google. Lo descartaría inmediatamente.

Si hablamos de usuarios avanzados quizás las cosas fueran algo diferentes pero no es ZTE una empresa que destaque por su alcance en esos segmentos. Más bien su buena relación con las operadoras y los bajos precios de sus móviles son los que la han posicionado donde está actualmente.

Los fabricantes están entre la espada y la pared

La conclusión de esta situación, que aún no ha mostrado su final, es que los distintos fabricantes de móviles están en una situación difícil.

No pueden crear su propia alternativa a Android porque no tienen recursos para ello y aunque destinen ingentes cantidades de dinero, si los desarrolladores no apuestan por eso no habrá nada que hacer.

Además ven que aunque se lleven bien con Google, el gobierno de los Estados Unidos puede tomar decisiones que obliguen a la empresa capitaneada por Sundar Pichai a llevar a cabo acciones que dañen los intereses de los miles de fabricantes que hay en el mundo que usan Android para sus smartphones y dispositivos móviles.

Empresas como Samsung tienen una opción en sistemas propios, como vía de escape. Tizen es una realidad en algunos mercados como La India. LG también mantiene WebOS, aunque lo enfoque actualmente a televisores. El problema es que aunque técnicamente puedan ser una alternativa a Android a la hora de la verdad y fuera de China, sin las aplicaciones de Google las marcas lo tienen realmente difícil.

Como si Android fuera un monopolio.

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