WhatsApp no es una aplicación, es una religión

WhatsApp no es una aplicación, es una religión

WhatsApp se ha convertido para muchos en algo más que una mera aplicación de mensajería instantánea, se ha convertido casi en una religión.
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En las últimas semanas he asistido a algo que no veía desde hace años: la duda de una persona de si instalarse o no WhatsApp.

Para los que lean esto desde fuera de España hay que dejar claro algunos puntos. Este país es uno de los que tiene mayor penetración de smartphones del mundo. Además, de los usuarios con ese tipo de teléfono, más del 90% tiene instalada la aplicación mencionada.

Es por eso que cada vez es más complicado encontrar a alguien que no lo tenga. En mi familia incluso las personas de más edad (entre 60 y 70 años) lo usan a diario, tal y como lo usan los más jóvenes (14-16 años).

No se mira como una aplicación

WhatsApp no es más que una de las muchas aplicaciones de mensajería que hay disponibles. No es ni la más bonita, ni la más fiable ni la que más opciones tiene. Ni siquiera es la más segura, pero sí es la que mejor se ha posicionado en algunos mercados.

La penetración en la sociedad es tal que mucha gente la usa en sus móviles aunque, literalmente, no use ninguna otra app más, salvo quizás el correo electrónico.

Obviamente esos casos son los menos pero nos da una idea de cómo es la relación de nuestra sociedad con este servicio.

WhatsApp mueve gente a los smartphones

Hace unos años, cuando la tasa de penetración de smartphones en España no era tan alta, no eran pocos los compradores que iban a las tiendas buscando «un móvil con WhatsApp». Les daba igual la marca, el modelo e incluso el sistema operativo, con tal de que tuviera la app en cuestión.

Incluso Windows Phone o Symbian se valían de ello en sus anuncios. Recuerdo carteles en las paradas del autobús en los que se anunciaba algún Nokia de aquella época (sin Android) y lo que más destacaba era un enorme logotipo de WhatsApp en la pantalla del móvil. Y no era una mala idea.

Las ataduras de esta app

Pero no todo es bueno. El uso casi excesivo de la aplicación ha hecho que muchos usuarios no se adapten a la realidad de un mundo en el que las notificaciones y el estar permanentemente conectados se han convertido en una condena.

Esto es tan así que WhatsApp tuvo que permitir el desactivar la verificación de recepción de mensajes (el doble check azul) por exigencia de muchos usuarios. La presión y los problemas que acarreaba eran un peligro si esos usuarios se movían a otras plataformas.

Si no lo tienes, estás fuera

Actualmente no tener WhatsApp se ha convertido incluso en un problema si queremos mantener una relación social al mismo nivel que los demás en un grupo de amigos.

Me consta que hay gente que se lo ha instalado porque llegó un momento en el que no se enteraban de ciertos planes no porque el grupo les diera de lado, sino porque se hacía por un canal en el que ellos no estaban. Sí, WhatsApp.

Esto da una idea de cómo lo que nació como una simple evolución de los SMS ha llegado a modificar nuestra conducta e incluso la manera en la que opinamos de los demás (en función de cómo y cuándo conteste).

Yo mismo tuve que claudicar en su momento pero, como pongo en mi estado, seguramente sea más rápido contactarme por email.

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